lunes, 14 de octubre de 2013

CRÍTICA: CAPITÁN PHILLIPS

Por MARCOS RODRÍGUEZ
 
© 2013 Columbia Pictures Industries
 

Tensión.

Tensión es la palabra que mejor define Capitán Phillips.
 
Una agotadora experiencia que te sumerge de lleno en el terrible suceso que sufrió Richard Phillips en 2009, cuando unos piratas somalíes abordaron su buque “Maersk Alabama”.
La película es perfecta para refrescarle esta historia al espectador bajo la trabajada dirección de Paul Greengrass, que consigue que también nos quedemos atrapados en el barco. Puede que se llegue a hablar de película de acción, pero lo que el director nos ofrece es un intenso thriller. Es más, creo que debería estudiarse como buen ejemplo de este género cinematográfico.

© 2013 Columbia Pictures Industries
 
Tom Hanks recrea uno de los personajes con más fuerza e interés de su carrera. Esta vez cambia su cara cansina por una cansada, un rostro totalmente exhausto fruto de la extrema situación que le ha tocado sufrir. Al igual que él, llega un punto en el que necesitamos salir a la cubierta para tomar aire, necesitamos escapar del ambiente claustrofóbico que nos ahoga a pesar de estar rodeados de un espacio tan gigante como es el océano. Phillips está aterrorizado, pero conserva su fortaleza en todo momento, presentándose como un modelo a seguir y demostrando así el aguante del ser humano.
 
Pero Hanks no es el protagonista absoluto. El debutante Barkhad Abdi se convierte en el otro peso pesado con su interpretación del desquiciado líder de los piratas.
No podían haber elegido un rostro más creepy para el malo de la historia. Es un personaje tan bien conseguido que por momentos piensas que un pirata de verdad se coló en el rodaje y secuestró al equipo de la película.
A lo largo de la cinta vas conociendo mejor su manera de pensar y actuar. Pasas de verle como un sádico a sentir algo de empatía y entender que en el fondo para él es como un juego de niños, no le importa lo que pueda pasar porque no tiene mucho que perder.

© 2013 Columbia Pictures Industries

Cada escena en la que los piratas se enfrentan a la tripulación equivale a un momento de sudoración máxima, sobre todo por esa irracionalidad total que debe experimentarse en los secuestros, en los que en cuestión de segundos puede pasar lo peor. Ver Capitán Phillips es ver una película con una granada en la entrepierna.

Y el olor, el olor… Casi puedes oler el entorno de la película. Sudor, gasolina, humedad. Hacía tiempo que una película no despertaba tanto mis sentidos. El calor asfixiante es otra característica que el espectador puede llegar a sufrir. De hecho, toda esta presión es la que puede contagiarte de esa prepotencia americana que, fruto del miedo, te hace querer tirar por la borda a los piratas de la peor manera posible.
En definitiva es para lo que deberían servir algunas películas: provocarte vivencias que no has experimentado (por fortuna, en este caso). Comparable en este sentido a la increíble Gravity, creo pasará mucho tiempo hasta que volvamos a sentir tan intensamente una película.

Id a verla y sufrid con gusto.

 

       
 

 

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